El puesto de Emotional Manager

Una novedosa figura indispensable en el área que se encarga de la motivación, aprendizaje e interacciones de los diferentes temperamentos dentro de una organización.

Nuestras funciones se mueven entre el asesoramiento, formación e impulso de hábitos que generen confianza, coherencia, competencias, compromiso y colaboración, facilitando así dos de las razones de ser  de las organizaciones empresariales como lo son  el crecimiento y  una cuenta de resultados satisfactoria, algo que en los tiempos actuales tiene que producirse. si o sí, dentro del  triángulo de la responsabilidad social, la sostenibilidad y  la ética.

                                                                                 


Muchas son las formas de aportar valor a las organizaciones, hay numerosas herramientas y  excelentes profesionales que las ayudan a mejorar en temas de liderazgo, comunicación, imagen, tecnología, logística, ventas, trabajo en equipo, visibilidad, innovación y muchas otras áreas. Desde mi función de Emotional Manager, yo también quiero acompañarlas en su avance y lo hago desde un enfoque inclusivo y humano, para que los diferentes temperamentos que conviven en la empresa se respeten, alcancen el equilibrio, sepan gestionar emocionalmente el tiempo  y den lo mejor de si mismos, mediante el compromiso conjunto de alcanzar excelentes resultados de una forma saludable y feliz.

Hablando de #FELICIDAD, algo que parece que está muy de moda últimamente, he de decir que, por supuesto, también apuesto y trabajo por ella, aunque matizo que lo hago desde una #REALIDAD, en la  que, debido a la complejidad y dificultad que rodean en la actualidad a muchas áreas ineludibles de la vida, no es que predominen en gran número las sonrisas por lo que mi compromiso es impulsarlas por medio de unos recursos que las conviertan en auténticas, en duraderas en el tiempo y que consisten en dar a conocer y generar hábitos, mediante asesoramiento y formación, que motiven a las personas a ser  proactivas, optimistas y productivas, todo ello desde los pilares de la ética, el respeto y el buen humor.                                                                                                                                                                  

 En plena expansión de inimaginables recursos tecnológicos, de procesos de robotización de funciones en la empresa, de acceso a la información a un ritmo que supera nuestra velocidad de asimilación  y aprendizaje, debemos de potenciar algo que todavía nos sigue diferenciando enormemente de ese mundo de inteligencia artificial que nos rodea por doquier, me estoy refiriendo a nuestras emociones.

Las emociones son, hoy por hoy, la raya que marca  las diferencias entre robots y humanos, algo sobre lo que tenemos que reflexionar, creando una serie de protocolos éticos  que tengan vigencia universal, con acuerdos blindados que no se puedan modificar sin un acuerdo unánime o en el peor de los casos absolutamente mayoritario.

Si no sabemos gestionar esta convivencia entre tecnología y emociones, la realidad superará con creces  no solo a la ficción como dice el famoso dicho, sino también a la casi totalidad de las películas o relatos de ciencia ficción conocidos hasta la fecha.                                                                                                                      

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